Manifiesto

Encabezado con el manifiesto.

Utopías Posibles. Un manifiesto.

Despacio. 

La respuesta global a la pandemia desatada por el virus llamado Covid-19 ha desacelerado nuestros frenéticos ritmos de vida. Imágenes de plazas vacías, vagones de metro desiertos y oficinas silenciosas circulan constantemente, cuestionando lo que hasta hace algunos días considerábamos normal, casi inmutable. Los indicadores económicos caen, los negocios cierran, los cruceros flotan frente a puertos silenciosos; la fragilidad de un mundo en permanente circulación exige ser vista.

La desaceleración no es equitativa. Mientras algunas personas paran, otras deben seguir adelante. Trabajos tan necesarios como precarios reclaman el lugar que les corresponde. La limpieza, la cosecha de alimentos, los cuidados, la movilidad y las otras muchas prácticas que sostienen las ciudades y pueblos donde vivimos no se pueden detener; y renovando incluso nuestra percepción de su fundamental importancia. Para aquellas personas que están a cargo de la salud y de los cuidados, la crisis no es un momento de extraña calma, sino de trabajo incesante. Ellas son la primera línea de defensa, como ya lo eran antes. La pandemia hace visible lo que siempre estuvo ahí, desdibujado en nuestra visión periférica mientras nos enfocamos en lo urgente. Lo viral. Lo digno de atención.

Alto.

Algunos flujos se detienen. En diversos países del mundo, los gobiernos en todos los niveles y de diversas ideologías hacen aquello que hasta hace poco nombraban imposible. Las rentas son congeladas, las cuentas no deben ser pagadas, formas tímidas de ingreso universal se ponen en marcha y visos de otros futuros posibles aparecen en el horizonte.

Otros flujos continúan. Millones de trabajadoras viven al día. Sin protecciones sociales, parar significa morir. La desigualdad que muchas personas se esfuerzan cotidianamente en negar se muestra ineludible. Se puede mirar a un lado, pero el paisaje no cambia. 

¿Y ahora?

En medio de la crisis, otras formas de vivir juntos aparecen. Nigeria está aplicando lo aprendido en el pasado y refuerza los sistemas que consideran la salud pública como un ámbito vinculado a cualquier otra faceta de la vida. En barrios y ciudades del mundo entero, cientos de grupos de ayuda mutua aparecen, decididos a tomar en sus manos aquello que un gobierno incapaz no hace. En Irlanda y España, la salud privada se vuelve pública de la noche a la mañana. La suspensión de los pagos de renta e hipotecas en distintos puntos del mundo muestra cómo la vivienda puede ser un derecho y no una mercancía.

Algo tenemos claro: no volveremos a la normalidad que conocimos. Nos toca imaginar y construir una nueva normalidad, mejor que la que teníamos. Más humana, menos egoísta.

Aquí queremos formar un archivo de estos futuros posibles, que sirva también como hoja de ruta de aquello que parece imposible pero no lo es. Buscamos construir un registro del momento en que otras formas de vivir parecieron posibles. Nos proponemos usar este momento de crisis para cuestionar los arreglos normales entre el capital, el trabajo, el estado y la naturaleza. Sabemos que muchas de estas utopías posibles desaparecerán, pero tenemos todavía la esperanza de que sean más las que permanezcan. 

Algo tenemos claro: no volveremos a la normalidad que conocimos. Nos toca imaginar y construir una nueva normalidad, mejor que la que teníamos. #UtopíasPosibles


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