Una transición energética justa es posible

William Jensen

Estas semanas, en las que buena parte de la humanidad ha estado en su casa, hemos recurrido a plataformas digitales para tratar de sobrellevar la cuarentena. Todo eso ha sido posible gracias a la electricidad. Incluso lees este texto porque en este preciso momento una planta de generación de electricidad está operando –convirtiendo algún tipo de energía fósil o renovable en electricidad.

Uno de los cambios más grandes a los que nos enfrentaremos después de la pandemia será cómo generamos y aprovechamos nuestros recursos energéticos, porque es precisamente en el uso que estamos dando a esos recursos que se topa con el otro gran reto de la humanidad: la crisis climática. Se estima que a nivel global, hasta 2016, el 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero están relacionadas con el sector energético. Es evidente que el cambio más profundo para enfrentar la crisis climática es el de la generación de electricidad de manera sustentable.

Hemos usado desde siempre las energías renovables. Viento para mover barcos y molinos, biomasa para calentarnos y cocinar, sol para secar arcilla y carne. Las energías renovables son “alternativas” en tanto que son usadas para la generación de electricidad –una forma de energía que la humanidad aprendió a dominar hace muy poco.

Con el crecimiento de la industria eléctrica, surgieron las grandes empresas energéticas. Carbón, gas, combustóleo y barras radiactivas se han transformado para generar la corriente eléctrica que impulsa desde finales del siglo XIX a la industria. Se crearon empresas transnacionales, estatales, comunales, de autogeneración. Los países orientaron sus modelos de desarrollo y políticas industriales a partir de la disponibilidad de los recursos energéticos e incluso, sus políticas de expansión económica y militar.

Por su parte, México hizo de la extracción y exportación de sus hidrocarburos en el siglo XX un modelo de desarrollo que facilitó la industrialización del país y que contó con cierta autonomía respecto de los mercados internacionales.

Sin embargo, ese modelo ya no es viable. En primer lugar, los recursos de hidrocarburos ya no son fácilmente extraíbles. Cada vez se necesita más tecnología y es más caro llegar a los recursos petroleros que hay en México. En segundo lugar, el cambio tecnológico está modificando los fundamentos de los sistemas energéticos mundiales. Gracias a las tecnologías de electrificación, es posible usar la electricidad para calentar hogares, mover motores de automóviles –y todo lo que podamos imaginar.

En tercer lugar –y considero que fundamental– es que la crisis climática nos ha llevado a empujar el ocaso de las energías fósiles y pensar urgentemente en alternativas que sean técnica y económicamente viables. La evidencia mundial es clara: a más despliegue de uso de energías renovables, más baratas se vuelven.

Las grandes empresas han comenzado a migrar sus operaciones de las energías fósiles, a tecnologías bajas en carbono. Sus planes de negocio se han adaptado, e incluso existe una gran desinversión en las tecnologías convencionales, como exploración y extracción en campos no convencionales.

Pero hay una discusión que de estar ausente en esta tendencia mundial, ha ido ganando impulso: ¿qué hacer con las sociedades y comunidades que prosperaron en el modelo energético anterior?

Desde hace unos años, ha ido ganando terreno el concepto de transición justa. La lucha por la transición justa viene fundamentalmente del movimiento sindical de trabajadores de empresas energéticas que sufren las consecuencias del cambio tecnológico. El propio Acuerdo de París, rector de las acciones internacionales contra la crisis climática, considera que los cambios en la fuerza de trabajo derivados de su implementación deben ser tomados en cuenta para crear empleos de calidad.

Después de esta pandemia, tenemos la oportunidad de pensar en una transición energética diferente. Es cierto que mucha de la oposición a las renovables viene de la apropiación de las grandes empresas de las tecnologías y recursos para aprovecharlas. Una transición energética justa tendrá que tomar en cuenta la descentralización de los avances tecnológicos, en donde las primeras beneficiarias sean las pequeñas comunidades de generación de electricidad.

Una transición energética justa incluye también forzosamente un nuevo papel de las relaciones laborales de las personas que trabajan en las empresas energéticas. Las nuevas tecnologías, como la de generación distribuida, favorecen la aparición de empresas comunitarias de energía. No será lo mismo trabajar para las grandes empresas transnacionales de energía, a trabajar en las empresas comunitarias que surjan.

De la misma manera, una transición energética justa debe incluir un nuevo rol del Estado, para que se elimine la pobreza energética y se reafirme su papel como rector del sector energético. Como el suministro de energía es vital para la seguridad del Estado, es imprescindible que existan autoridades regulatorias y empresas estatales robustas que garanticen la confiabilidad de los sistemas.

Este nuevo rol del Estado pasa también para no subsidiar –directa o indirectamente– la energía de quienes tienen mayores ingresos. Se ha calculado que los hogares en los dos deciles de ingreso superiores se han beneficiados de los subsidios a la electricidad casi tres veces que el decil más bajo. Igualmente, el Estado no debería subsidiar a Pemex, una empresa estatal brutalmente asediada por la corrupción y los malos manejos por décadas –tal vez sea momento de refundarla con un nuevo modelo energético.

Las políticas contra la crisis climática y las nuevas tecnologías nos dan la oportunidad de construir un sistema energético de abajo hacia arriba desde la justicia climática. Una transición energética justa que prioriza los empleos de calidad, elimina la pobreza energética y plantea la posibilidad de repensar nuestra relación con el uso sustentable de la energía.

Una transición energética justa nos da la oportunidad de construir un sistema energético de abajo hacia arriba desde la justicia climática. #UtopíasPosibles

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: