Futuros que nutren

Diseño: Freepik

Tania Jardón Reyes

El COVID-19 ha expuesto la fragilidad de nuestro sistema alimentario. Hoy sabemos que las personas con obesidad, hipertensión o diabetes son más vulnerables a la enfermedad; que meserxs, cocinerxs y personal que trabaja en negocios de alimentos y bebidas han visto reducidos o eliminados sus ya de por sí precarios ingresos; y que las familias dedicadas a la agricultura, la ganadería y la pesca no pueden seguir las medidas de confinamiento porque deben alimentar a México.

Los impactos no son aislados: están vinculados con la falta de políticas públicas que impulsen una alimentación adecuada, saludable y accesible, al tiempo que generen empleos dignos y bien pagados.

Tan solo hay que ver los efectos de la pandemia que ya comienzan a ser palpables: desempleo y aumento de pobreza. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), las personas que no podrán adquirir una canasta alimentaria, bienes y servicios básicos aumentará entre 8.9 y 9.8 millones. La reducción de sus ingresos impactará en su bienestar colocándolos en situaciones de mayor riesgo en su día a día.

De nueva cuenta, cobra sentido imaginar alternativas compatibles con la salud, la naturaleza y la justicia social, de exigir y hacer efectivo “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”, eso que desde la década de 1990 se conoce como soberanía alimentaria.

Construir este camino implica dejar de pensar que comer inicia en un supermercado y termina en un plato. ¿Cómo comenzar? Primero, asumiendo que son necesarias políticas redistributivas desde el ámbito del ingreso así como del empleo. Para ello es importante contar con información oportuna, actualizada y accesible de quienes producen, transforman y comercializan, que permita mejores análisis que contribuyan a tomar decisiones adecuadas al contexto del país.

Segundo, entender que el ingreso y el empleo se relacionan con la nutrición. Según el Estudio Diagnóstico del Derecho a la Alimentación Nutritiva y de Calidad realizado en 2018 por CONEVAL, las personas en situación de pobreza destinan la mitad de sus ingresos a la compra de comida, la mayoría de mala calidad. Dejemos de normalizar los trabajos mal pagados y en condiciones que dificultan el acceso a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente que permitan llevar una vida saludable. Esos empleos están presentes entre las familias que producen los alimentos hasta quienes llevan comida a la puerta de las casas.

Tercero, asociar la forma en que comemos a la emergencia climática. El crecimiento de la población, cambios en los estilos de vida, dietas industrializadas y globalizadas, han aumentado la demanda mundial de comida, que a su vez impactan en los recursos naturales y la biodiversidad. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que del 21 al 37% de los gases de efecto invernadero son generados por la producción de alimentos.

Frente a la industrialización, cuyas técnicas para producir más y en poco tiempo han ocasionado violaciones a derechos de comunidades donde se establecen las empresas y sobreexplotación de recursos naturales, los gobiernos tienen que priorizar enfoques sustentables, la protección de polinizadores (como las abejas), prácticas agroecológicas y de agricultura familiar que permitan garantizar alimentos seguros y saludables, al tiempo que conservan el medio ambiente y la biodiversidad. Tenemos que retomar el consumo de temporada. Disponer y consumir durante todo el año algunas frutas y verduras, incluso pescados, moluscos y mariscos, promueve métodos intensivos para su obtención que ponen en riesgo los ecosistemas.

También toca modificar la actual forma de distribución y comercialización. Se necesitan mercados que reduzcan la distancia entre compradorxs y productorxs, basados en precios justos y el consumo local. Pensar que es un tema que radica en esfuerzos individuales, en “querer es poder” sería un error,  porque aunque existen iniciativas ciudadanas, la mayoría de estas se encuentran en las colonias más costosas del país. Se requiere la intervención del Estado para que estos puntos de venta sean accesibles a toda la población y no solo a un sector. 

Tenemos el tiempo contado. El costo de la inacción contra la crisis climática sería catastrófico. La Organización para las Naciones Unidas lo ha considerado como una nuevo apartheid que acentuará las desigualdades. El IPCC ha reconocido que México sería uno de los países más afectados debido al alto porcentaje de población en pobreza y la falta de infraestructura. De ahí que entre las estrategias sea crucial garantizar un presupuesto adecuado para la protección del medio ambiente.

Finalmente no hay que olvidar que necesitamos visibilizar a quienes producen, transportan, cocinan, sirven y reparten los alimentos. Reconocer su labor y los procesos que implican aporta a la exigencia de trabajos dignos y justos, más allá del románico discurso que ubica al sector alimentario y gastronómico como fuente de oportunidades para la economía, pero que maquilla sus bajos salarios, condiciones de violencia, discriminación y explotación. 

Si bien la voluntad política es básica para hacer realidad esta utopía, también lo es sumar voces y exigir políticas públicas integrales que entiendan al binomio comer y beber como un sistema mucho más complejo, un acto que refleja las asimetrías de poder y desigualdad, sensible a las fuerzas sociales, políticas y económicas. Sin el derecho a la alimentación no puede garantizarse una vida digna. La ”nueva normalidad” debería construir un mundo menos desigual desde la alimentación.

El COVID-19 ha expuesto la fragilidad de nuestro sistema alimentario. Cobra sentido imaginar alternativas compatibles con la salud, la naturaleza y la justicia social. #UtopíasPosibles

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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