Una utopía sobre futuros posibles

Alejandra Donají

Mi utopía es sobre imaginar mejores futuros. Una utopía que retoma mis encuentros con las representaciones de otro futuros posibles que he imaginado pero que usualmente se resquebrajan. Estas letras son quizá la búsqueda de una respuesta para saber qué hacer con los pedazos de futuros que imagino pero no se concretan. ¿Cómo recogerlos, re-ordenarlos, imaginar de nuevo y proseguir en un camino que a los pasos me vuelve a estrellar? ¿Cómo y porqué seguir imaginando?

Natalia Brizuela profesora de literatura y cultura latinoamericana en la Universidad de California, Berkeley, expresó en un evento sobre las políticas del recuerdo y del tiempo en donde se habló de la crítica a la memoria, la desposesión y la borradura -que no es lo mismo que el olvido-, del olvido y la ausencia de futuro colectivo, lo siguiente:

Nuestro persistir ya no está garantizado, […] pues qué es persistir, sino existir a través del tiempo, atravesarlo. Insistiendo en él, llenar el tiempo de deseos e intencionalidad” .

Eso es imaginar mejores futuros posibles: llenar el tiempo de deseo e intencionalidad de que el futuro mejore, e insistir en él. Pero duele, y de eso poco se habla. 

Todas las ponencias de ese espacio/resistencia, que entre muchas otras pensadoras incluyeron a Butler y Segato, marcaron un énfasis en aproximarse a este tiempo nuestro como si fueran horizontes: marcos de comunidad y comunalidad, posibilidades que se vislumbran pero a las que no se llega.  

En ese sentido, pensar la comunalidad parte de reconocer la importancia de la comunidad y la constante interdependencia que nos sostiene.  En cierto sentido, es un contrapeso, por no decir opuesto, a la individualidad y se sostiene en el compartir, derivado del reconocimiento de que necesitamos a otros –a los cercanos y a los lejanos–, para vivir, para existir y para sobrevivir. Ese llamado a la comunalidad, a través de imaginar futuros horizontes compartidos, donde la persistencia y las condiciones para todas y todos mejoran es un llamado de resistencia. Es un ejercicio que por sí mismo abre la potencialidad y modifica los futuros.

Justo por ello, el llamado de las pensadoras es complejo. Por una parte, al imaginar implica recuperar las necesidades de la cotidianidad existente pero a su vez requiere que la respuesta sea flexible considerando la interdependencia con los otros. Además, por otra parte, el ejercicio activo de vislumbrar horizontes modifica el futuro y lo vuelve potencialidad. Quiero explicar un poco más esa tensión de potencialidad porque creo que es una de las mayores dificultades al imaginar horizontes.

Imaginar horizontes no es algo estático, es un ejercicio activo, constante, por lo que esa concreción de factores actualiza constantemente el horizonte y con ello la potencialidad de lo que puede ser. Volvemos a imaginar, a soñar y éste cambia, se vuelve otro, a veces, mejor posible y nos permite soñar más. Así, en un imaginar activo los horizontes se constituyen en potencialidades, en la constante posibilidad de ser mucho más que un destino. Es esa cualidad la que los vuelve inciertos. Porque los horizontes cambian de signos y de cartografías pero además, nos generan un dolor fuerte e interno dado que también significan pérdida, la destrucción de la idea que había del futuro, tanto establecido como de aquel soñado. Es como si los horizontes fueran las olas del mar que se rompen para nutrir a las que siguen. 

Quizá, como nos es difícil advertir la pérdida como potencialidad, muchas veces sentimos angustia e incertidumbre. Al menos, a mí me cuesta trabajo porque incidir es, en mucho, potencialidad y conlleva una sensación de pérdida constante; suelo sentir ansiedad y melancolía por lo que imaginé y, en cierto sentido, fue pero al mismo tiempo nunca llegó a ser.

En lo individual, los horizontes se resquebrajan de frente y sin tapujos, y eso deja marca. Cuando cruzo alguna meta o arribo a un punto que me permitía cierta orientación cartesiana siento que el trayecto es mucho más largo de lo que antes pude ver. Es lo espectral e intangible de la meta, que al cruzarla se aleja, incluso, si logro acercarme lo suficiente es como si este nunca hubiera estado ahí. Creo que se desdibuja porque el horizonte ya ha cambiado. Imaginar es un esfuerzo incesante que rompe las narrativas hegemónicas y ese esfuerzo desdibuja el horizonte mismo, y aunque sea complejo, en ello está la persistencia, en soñar de nuevo, en imaginar con otros, una vez más.  

Cuando un futuro se me rompe, a veces, se lleva consigo la esperanza que tenía y, entonces, busco refugio en las y los otros, y quizá, en este sentido, una respuesta a mis preguntas está en lo colectivo. Si los horizontes se desvanecen sin que podamos tocarlos entonces, no podemos olvidar que esos otros deseos e intencionalidades que subsisten en ellos, en lo nuevo, son también nuestra persistencia. Debemos tener utopías, sí, pero también debemos recordarnos de manera constante unos a otros que imaginamos horizontes, y construimos para ello, en la certeza de su inteligibilidad e incertidumbre, seguros en su constante posibilidad, y es por ello, que la potencialidad del horizonte es eso, el persistir en un nosotros.


En mayo del año pasado imaginamos juntas reformar la Constitución para que la inclusión fuera un principio y un criterio de la educación, imaginamos la construcción de un mejor sistema educativo basado en el trato igualitario. Insistimos y se reformó la Constitución. Sin embargo, el tiempo ha hecho que la inclusión, ese horizonte posible, se vea hoy más lejano y más difícil. La respuesta sigue siendo soñar juntos. Continuar exigiendo que la educación sea digna e inclusiva, pero ahora también más necesitan imaginar con nosotros una reforma fiscal que lo posibilite, que se aseguren fondos para la subsistencia alimentaria y alimentos en escuelas, así como canales que permitan el diálogo constante de todas y todos, incluyendo a las niñas y los niños.

Volvemos a imaginar, a soñar y el horizonte cambia, se vuelve otro, a veces, mejor posible y nos permite soñar más. #UtopíasPosibles

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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