Emparejar el camino hacia la cancha

José H. Quintero Beltrán

Mucho se habla sobre las grandes universidades públicas nacionales y sus efectos positivos en la movilidad social de muchas personas en nuestro país; son nuestro tesoro y, como tal, es nuestra corresponsabilidad defenderlas y velar por su progreso. Para quienes vivimos la fortuna de disfrutar que estos tesoros hayan servido a una persona cercana –y ni se diga si a nosotros mismos– se vuelve irrenunciable esta corresponsabilidad.

Siempre escuchamos y hasta decimos que la universidad es la cancha que puede emparejar las condiciones para quienes vienen de condiciones adversas frente a quienes nacen en el privilegio, pero poco hablamos del desigual camino para llegar a dicha cancha. En específico hay que hablar de lo relativo a la selección de aspirantes, que es el camino hacia la cancha. 

Para que las universidades públicas sean un verdadero motor de movilidad social, ¿cómo pueden hacer más justo su proceso de admisión? Es urgente que, para empezar, las mismas universidades absorban los costos que asumen las y los aspirantes de presentar el examen de admisión para empezar a fomentar un piso parejo entre quienes aspiran a entrar.

Un ejemplo para dar contexto: hoy, si quieres entrar a la UNAM, forzosamente debes pagar el derecho al examen de admisión (MX$420, cerca de US$17 o 3.4 salarios mínimos en México), más los gastos relativos que implica trasladarse hasta la CDMX a presentar dicho examen desde el punto del país en donde te encuentres. Esto de facto elimina toda chispa de aspiración que puedan tener cientos de miles de personas.

Mi universidad, la Universidad de Chapingo (UACh), lleva muchos años con un esquema de selección de aspirantes disruptivo y progresivo el cual dibuja al menos el boceto de la utopía que queremos para nuestras universidades públicas nacionales, al menos en cuanto a sus procesos de admisión.

Lo primero es que Chapingo va a 90 municipios de todos los estados del país a aplicar el examen de admisión, dichos municipios se seleccionan bajo los criterios estratégicos de densidad poblacional y distribución territorial para que, estés donde estés, no tengas que trasladarte lejos a presentar el examen.

Lo siguiente, que es básico: la universidad no cobra un centavo por derecho a examen de admisión. De hecho, no cobra por servicio alguno relativo a tu educación: inscripción, colegiatura… vaya, ni la credencial y ni las constancias de estudios cuestan en la UACh.

Cinco son los grandes criterios de selección para el examen de admisión:

  1. Selección por medias. Seleccionar a todo aquel aspirante que tenga calificación por encima de la media nacional y a su vez superior a la media regional (media de la entidad)
  2. Por entidad federativa. Cada entidad deberá estar representada mínimo por sus mejores ocho y máximo por 400 aspirantes seleccionados. 
  3. Etnia indígena. Al menos los 200 mejores aspirantes provenientes de comunidades indígenas serán seleccionados a su vez que deberán seleccionarse al menos a los cuatro mejores aspirantes de cada una de las etnias representadas en el proceso del examen de admisión.
  4. Municipios pobres. Será admitido al menos un aspirante proveniente de cada municipio catalogado como municipio en pobreza.
  5. Por escuela agropecuaria. Seleccionar por cada escuela agropecuaria al menos las dos más altas calificaciones por sede y que estén por arriba de la media nacional.

Para los cinco criterios antes descritos, en caso de empates se considerará la condición socioeconómica rural marginal de la persona aspirante como factor de decisión.

Los criterios progresivos de selección deben ir acompañados de mecanismos efectivos de implementación para que, en combinación, logren cumplir sus objetivos. En el caso de la UACh, la universidad va al lugar más cercano a tu comunidad a aplicar el examen de admisión y no cobra por el derecho a presentarlo. Para dar contexto, en Chapingo se hablan más de 40 lenguas indígenas y hay estudiantes de cada uno de los estados del país, no hay uno solo sin representación en la comunidad estudiantil.

Es importante defender que las universidades cuenten con mecanismos progresivos de selección y permanencia de sus estudiantes si queremos realmente hablar de “motores de movilidad social”; es decir, defendamos que el acceso a la universidad como escalera de la movilidad social esté al alcance de todas las personas. El esquema sin duda es mejorable y debe ser adaptado a la realidad de cada institución, sobre todo porque no es barato llevarlo a la práctica, pero algo debemos cambiar para progresar hacia la movilidad social desde nuestras universidades públicas.

La excelencia que ostentan el CIDE, COLMEX, UNAM y demás universidades se puede dirigir a formar a cada vez más personas provenientes de circunstancias adversas. Hoy, la gran mayoría de casos de éxito de movilidad ascendente (traducida en progreso de condiciones socioeconómicas) provocada por la educación en las universidades públicas nacionales se concentra en personas que provienen de las zonas conurbadas de las grandes ciudades y eso nos dice mucho sobre la exclusión de muchos otros Méxicos que existen y están siendo desplazados por estos desiguales criterios de selección que urge repensar y transformar.

Para que las universidades públicas sean un motor de movilidad social, ¿cómo pueden hacer más justo su proceso de admisión? Que el acceso a la universidad como escalera de la movilidad social esté al alcance de todas las personas. #UtopíasPosibles

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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