Otra universidad es posible

Ilustración: freepik

Alejandro De Coss

¿Para qué sirve la universidad? Esta pregunta, tan aparentemente simple, tiene numerosas respuestas. Éstas se refieren a las situaciones actuales del sector de educación superior, desiguales y diversas a nivel global. Pueden también apuntar a otras formas de pensar los mundos que habitamos y el papel de la educación y sus instituciones en ello. En este texto quiero reflexionar sobre mi propia experiencia y, a través de ella, pensar en algunos caminos y algunas preguntas que nos ayuden a construir otras universidades posibles y otras posibilidades educativas. 

Comencemos por el presente. Hace cinco años emigré al Reino Unido. Vine con la intención de hacer un doctorado, que he terminado, y sin saber muy bien qué vendría después. Hoy trabajo en una institución británica con un trabajo temporal y el futuro sigue siendo igual de incierto. El sector universitario en el Reino Unido es una máquina de hacer dinero. Gran parte de sus ingresos viene de las colegiaturas que pagan los estudiantes extranjeros.. La pandemia ha hecho que los estudiantes vuelvan a sus países de origen, al tiempo que ha provocado una caída sustancial en los ingresos monetarios para el siguiente año lectivo (que comienza en septiembre de 2020). Las respuestas de las instituciones de educación superior, aunque dispares, tienen una lógica común. El objetivo es reducir costos, ya sea mediante despidos o mediante el uso de tecnologías digitales para la educación. Estos cambios representan la continuidad de un modelo orientado al beneficio.

En estas respuestas existe un vacío. Poco se habla de una reestructuración profunda, que responda a la pregunta fundamental con la que abrió este texto: ¿para qué sirve la universidad? Hasta 1998, la educación en Reino Unido era gratuita. Desde entonces, ha visto varios incrementos: en 2004 subió a un máximo de £3,000; en 2010, el límite máximo fue elevado a £9,000 y desde 2015 dicho límite no existe más. Esta rápida conversión en una empresa centrada en el beneficio ha significado un cambio profundo en el sentido de la educación. Carreras poco rentables, a menudo aquellas ligadas a estudios críticos o a labores que no encajan con la noción de estudiar para ganar dinero, se vuelven menos atractivas, pues no ofrecen la posibilidad de pagar las deudas que la gran mayoría de los estudiantes contraen para poder cursar estudios universitarios. Problemas de salud mental proliferan en el cuerpo estudiantil, atrapado ya en un espacio donde la competencia y la explotación son vistas como virtudes o necesidades inescapables. 

Al mismo tiempo, los sueldos de profesores y del personal operativo de las universidades se ha estancado, al tiempo que los salarios de los directivos han aumentado significativamente. El ingreso promedio de un vicerrector (quien efectivamente dirige la institución) es de £250,000. Nada se habla de recortar estos ingresos. Tampoco se cuestiona el porqué de la proliferación de estos puestos administrativos, con elevados salarios y poca o nula rendición de cuentas frente a estudiantes y profesores. La razón es simple: su función no responde a necesidades educativas, sino a la de generar dinero para instituciones que operan como empresas transnacionales, a pesar de su estatuto nominalmente público.

Al margen de la cuestión de las cuotas, muchas de las características del sistema existen en otras latitudes, incluida América Latina. Existe en el Reino Unido un discurso de excelencia, medido con indicadores que se enfocan en la productividad de los académicos y en su capacidad de publicar en ciertas revistas de ‘alto impacto’. La enseñanza misma se mide con indicadores similares, que tratan al estudiante como un cliente y a los docentes como proveedores de un servicio que no difiere demasiado del de telefonía o internet. Estos indicadores proliferan en el mundo, creando los puestos administrativos que procesan datos que deciden quién puede ascender y quién no; qué conocimiento tiene impacto y cuál no, y qué deciden cómo funciona una universidad cuya función es el dinero y la excelencia y no la educación crítica que puede hacer una diferencia en el mundo ahí afuera.

Tras la emergencia, la idea de una educación popular, gratuita y con sentido social podría señalar otro camino posible. Su futuro podría además estar ligado a la reconstrucción de los mundos del trabajo, que una discusión hoy presente en la cuestión de los trabajos esenciales. Si pensamos que los trabajos esenciales ponen al centro de la discusión la cuestión de los cuidados, ¿cómo podríamos organizar una educación que nos prepare para ello? 

El cambio no es menor. Implica no sólo reimaginar para qué sirve la universidad sino cuál es el fin último de vivir en sociedad. Si la educación hoy es crecientemente una empresa dedicada a hacer dinero, ello está íntimamente ligado a la existencia de un sistema político económico cuya razón de ser es la reproducción de capital. Si el objetivo de la economía no fuera ese, sino la satisfacción de las necesidades de todos, sin importar origen y ocupación, ¿cómo se vería entonces la educación? 

Si reconociéramos las raíces históricas de las profundas inequidades raciales, de género y clase que caracterizan a nuestro mundo, ¿cómo podríamos resarcir el daño causado a través de pedagogías plurales y críticas? Imagino una universidad que tal vez ya no lo sea, al menos como la conocemos. Una cuya función sea la construcción de comunidades centradas en el cuidado, la responsabilidad mutua y la igualdad. Una donde conocimientos marginados ganen al fin el reconocimiento que merecen. Una que funcione para seguir imaginando y construyendo futuros mejores.

Tras la emergencia, la idea de una educación popular, gratuita y con sentido social podría señalar otro camino posible. Su futuro podría estar ligado a la reconstrucción de los mundos del trabajo. #UtopíasPosibles

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: