Hacia una salud segura en México

Rubén Reséndiz | Sin Permiso

La irrupción en el escenario del virus COVID-19 –que no llega al año y ha conquistado la titularidad en todos los medios internacionales– ha permitido ver con claridad una lección obvia, al menos para México. Es imperativo fortalecer nuestro sistema público de salud. Lo vivido es un adelanto de la crisis que se avecina en este sector.

Hoy ya es posible discutir con mayor honestidad que nuestro fragmentado sistema no cuenta con las camas necesarias para hacerle frente a crisis de este calibre, que el número de personal médico es insuficiente, que persisten elevados gastos de bolsillo para gran parte de la población, que existe una fuerte disparidad entre los diversos subsistemas que componen el sistema nacional y que se refuerza una desigualdad de acceso para las personas que se encuentran en el sistema laboral informal. 

Dentro de la literatura académica de políticas públicas, existe un bloque teórico denominado el equilibrio puntuado (“punctuated equlibrium”). La idea que subyace es explicar cómo ciertas políticas públicas pueden experimentar largos períodos de estabilidad que de repente se ven interrumpidos por cortos períodos de intensos cambios. En una sociedad, son estas breves ventanas de oportunidad las que posibilitan apostar por cambios profundos y su existencia se compone de tres elementos: i) la existencia de problemas públicos; ii) propuestas de políticas públicas; y iii) ambiente político favorable. Sostengo que en la coyuntura actual estamos frente a una ventana de oportunidad. 

El problema –primer elemento– se encuentra frente a nuestros ojos. Nuestro sistema público de salud se encuentra fragmentado en al menos ocho subsistemas públicos. Apostar por un sistema unificado que zanje las profundas diferencias de atención y recursos que existen entre ellos es combatir la desigualdad entre las y los derechohabientes.

La pandemia provocada por el COVID-19 ha vuelto obvia la precariedad y nos ha mostrado cuán vulnerable somos como país. Ningún subsistema privado puede afrontar la magnitud de la pandemia mundial, en primera, por su capacidad operativa, y en segundo, porque sus intereses se alinean a la lógica del mercado: quien puede pagar, se le atiende. México podría privilegiar lo importante sobre lo urgente: un robusto sistema público de salud que atienda a toda persona que requiera de cuidados médicos sin distinción de ingreso, ni ocupación, ni tipo de contratación laboral.

Por su parte, la existencia de propuestas de políticas públicas –segundo elemento– para atender el evidente problema de salud también se encuentra disponible. A decir verdad, la apuesta de unificar nuestro sistema público no es nueva y ha sido retomada por algunas iniciativas legislativas y diversas propuestas académicas (ver ejemplo aquí y aquí). Sin embargo, ninguna ha logrado generar un respaldo suficiente que detone una discusión minuciosa a gran escala. Todas han sido discutidas en pequeños círculos selectos, discutidas de manera breve y tibia para luego ser archivadas como buenas propuestas.

La actual coyuntura podría ser punta de lanza para recopilar la incertidumbre y abrir el espacio de discusión sobre lo innegable. De hecho, de una breve revisión histórica, los grandes avances en asuntos de salud pública surgen a raíz de las crisis. Las plagas, por ejemplo, impulsaron enormemente los esfuerzos por la salud pública. Las propuestas de políticas públicas que con anterioridad fueron desdeñadas se podrían retomar con seriedad. 

Por último, el momento político –como tercer elemento– forma parte esencial de las apuestas para los cambios de fondo. La coyuntura pandémica nos ha orillado a reconocer que los sistemas públicos de salud son la columna vertebral de un país. Y podemos recopilar este sentir para concretar un cambio estructural en nuestro sector salud. La coyuntura política se nutre tanto del ánimo social (es decir que exista una aceptación social mayoritaria de la medida) y de la presión que puedan ejercer de diversos grupos del espectro político. Hoy en día, es posible vislumbrar ambos ingredientes.

La pandemia ha catapultado la urgencia sobre el fortalecimiento de nuestro sistema público de salud. El ánimo social gira en torno a vigorizarlo para hacer frente a la crisis. No más subrogaciones. El empuje político que actualmente existe se podría dirigir hacia atender  de manera pronta y efectiva a la población, bien podría ser dirigido para lograr apuntalar y subsanar el olvido al que lo hemos condenado por varios sexenios.

Hablar sobre ventanas de oportunidad en medio de una pandemia intenta construir en la encrucijada una vía que nos permita asegurar que el futuro no nos sorprenda de nuevo con un sistema destartalado. Hoy resulta obvio lo que se ha dicho sobre la construcción de sistemas de salud y seguridad social. El COVID-19 es un adelanto de la crisis que tenemos en este sector. El momento para realizar un cambio estructural en un periodo corto (el tramo punteado) está a la vista. La ventana está abierta y tenemos dos opciones: zanjar las desigualdades de acceso que hemos padecido por décadas o podemos cerrar esta ventana. La respuesta hacia una salud segura ya no sólo es obvia, ahora es urgente.

El Covid-19 es un adelanto de la crisis que tenemos en el sector de la salud pública. La respuesta hacia una salud segura ya no sólo es obvia, ahora es urgente.

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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