Bailo, luego existo

…o cómo el arte salva vidas durante la contingencia

Víctor A. Torres Díaz

“Creo que aprendemos por la práctica. Ya sea que esto signifique aprender a bailar practicando danza o aprender a vivir ‘practicando la vida’, los principios son los mismos. En cada uno, es la realización de un conjunto de actos precisos, físicos o intelectuales, de los cuales proviene el logro, la sensación de ser, la satisfacción del espíritu. Uno se convierte, de alguna manera, en un atleta de Dios….”

Martha Graham, pionera de la danza moderna

Ante la impotencia de continuar con nuestras rutinas diarias por un virus, de quedarnos en casa, de hacer “nada”, de aburrimiento, de frustración, de querer gritar, abrazar, tocar, observar, salir; el arte salva vidas.

Porque cuando todo era “normal”, el artista sufría el estigma de no ser “productivo”, pues se dedica a un espacio donde las artes son hobbies. Ahora recobra su sentido para escaparnos de la ‘realidad actual’. Nos lleva, pues, a una ‘realidad utópica’ en la que bailamos, en la que pintamos, en la que cantamos, en la que expresamos para seguir vivos.

Porque cuando todo se viene abajo, cuando la incertidumbre nubla nuestros pensamientos, el arte salva vidas. La estabilidad en casa se vuelve “soportable” por la música, por la danza, por el teatro, por la literatura, por el cine.

Algunas personas que nos dedicamos de alguna manera al arte hemos aprendido a adaptarnos y explotar nuestras voces para llevarlas a ‘realidades virtuales’. Para allí ‘gritar, abrazar, tocar, observar, salir’ de la ‘realidad actual’. Porque en palabras cursis: el artista necesita expresar, tomar elementos de la situación y generar ‘algo’ que le ayude a sobrevivir durante estos tiempos de desempleo (porque muchos dejaron de dar clases, de seguir entrenando o de dar funciones). Porque aunque tanto nos duela la idea romántica del artista, en la que se hace arte solamente por su pasión, por el momento es lo único que nos queda.

Los primeros vestigios de la danza fueron las tradicionales o ritualistas, en la que se configuraron sistemas de comunicación corporal. Ahora que la proximidad espacial está restringida por un virus, es más que vital que la danza nos haga sentir(nos) aún a la distancia. Por ello es que hoy en esta crisis, bailo por y para mi existencia y la de todxs.

La danza posibilita el movimiento, independiente cuál sea nuestra corporalidad. Hacer danza significa ‘activar’ los sistemas somáticos, circulatorio y nervioso. Pero ocurre algo todavía más importante en la mente: se activan las neuronas espejo y motoras, la visualización, y el hablar consigo mismo. Esta brevísima explicación de lo que significa para el ser humano ‘hacer danza’ es para simplificar la acción que ocurre en un espectador al ‘ver danza’. Las neuronas espejo son especialmente las encargadas de hacer sentir al espectador el movimiento.

Cuando un(a) bailarín(a) ejecuta, las neuronas espejo del espectador se activan para hacerle sentir todo el movimiento (o sea, en la mente del espectador se activa el movimiento aunque no lo esté haciendo físicamente). Todos estos procesos físicos y neurológicos llevan a un enunciado: la danza (y el arte) existe(n) para que la ‘realidad actual’ no nos destruya. Si la danza se ejecuta para una ‘realidad utópica’, el espectador será llevado ahí mismo.

Lo que se busca aquí es una ‘realidad utópica’, en la que el arte se siguiera considerando tan vital como lo es ahora en contingencia. Porque para el bailarín, la expresión: “Bailo, luego existo”, es una proclamación del arte antes de su primeridad –(o no, pero es una bonita forma de vivir[se]). Y si desde allí nos pensáramos, lo material importaría poquito menos, porque en el arte me comparto.

La reconfiguración de nuestra manera de vivir por el virus también permeó nuestra manera de bailar. Y aunque nos encontramos en total incertidumbre por el futuro, bailo en una ‘realidad virtual’ para que mi ‘realidad utópica’ en el momento de éxtasis se refleje en mi ‘realidad actual’.

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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