Cuarentenas atemporales: Vejez

Ilustración: macrovector

Alejandro De Coss + Damián Carmona Moreno

Esta utopía es para Roberto y Josefina, quienes anhelan con todo su corazón que todo esto acabe, y para Alicia y Santiago, donde quiera que se encuentren.

Despiertas y vas sintiendo poco a poco cómo entras en contacto con el exterior. Sabes que la rutina no va a variar mucho, que este día será igual al anterior, pero te aferras a pensar que falta menos, que quizás mañana al despertar todo es diferente; sueñas que mañana ya puedes recorrer las calles de tu ciudad para ir al mercado, o visitar a ese ser querido, que por fin llega ese momento tan esperado en que logras salir de las cuatro paredes de tu casa. 

No nos referimos a la pandemia; el anhelo de Roberto y Josefina tiene al menos tres años. Su anhelo comenzó el día en que Roberto comenzó a perder fuerza en las piernas, tal vez antes de esos tres años, pero empezó a hacerse presente cuando sus salidas se vieron limitadas, cuando comenzó, con la vergüenza que hemos vuelto el ser viejo, a pedir ayuda, a buscar los barandales.

Él tiene 96 años, la silla de ruedas se ha convertido en una extensión de su cuerpo, un cuerpo que ya le pesa, que en ocasiones desconoce y que en otros momentos no le responde. Sus movimientos son limitados, así como limitado es el número de cosas a las que tiene acceso su vista día a día.

Ella tiene 75 años, a pesar de la edad, cuenta con salud y fuerza envidiable. Es una mujer que vive dentro de una jaula a la que ella llama amor; quisiera correr, caminar, viajar, pero no quiere hacerlo sin su esposo, que allá afuera el mundo es distinto al mundo que han creado dentro de su hogar.

Ellos, como otros adultos mayores, anhelan que esto acabe, y también que la normalidad como la conocemos termine. Porque, ahí, ellos están destinados al confinamiento por edad. Hay que romper con esa normalidad.

En la normalidad los atropellados son los culpables, las ciclovías generan tráfico y las refinerías incluso las harían pasar como un proyecto ambiental para dar combustible barato a las máquinas sedientas que circulan en nuestras calles. La normalidad tiene una ruta clara: genera espacios privados dentro del espacio público, reordena las formas de convivencia, y a sujetos como Roberto, Josefina y tantos más adultos mayores les hace pensar que por su edad ya no tienen derecho a la ciudad, que solo les resta esperar.

La propuesta es que sintamos la necesidad de pensar en una nueva normalidad, con ciudades posibles, para todos y para todas, pero sobre todo para que la vejez nunca más sea sinónimo de muerte, de la pérdida de la libertad ya perdida, de la agonía de vivir en cuatro paredes.

Esta utopía tiene una geografía concreta. Es la de espacios de banquetas amplias y carriles confinados. Es la de pasos a nivel del piso y la de la desaparición de los puentes (anti)peatonales. Es también la de pensiones universales dignas y un servicio de salud que piense a la vejez como una etapa donde la vida continúa y no sólo como una antesala para la muerte.

Es una que se construye con aquellos más vulnerables en mente. Una utopía donde todas pueden vivir la vida que desean, sabiendo que existen las redes de solidaridad y apoyo que necesitan para poder hacerlo. Es una donde los cuidados no son un trabajo individualizado, que afecta desproporcionadamente a las mujeres, sino uno socializado, que es derecho de todas y no privilegio de algunos. Donde gobiernos, familias y empresas son corresponsables de cuidar a quienes lo requieren, sin que una asuma más carga que la otra. Es una donde Roberto y Josefina, y tantos más, puedan cumplir su anhelo, que no tengan que vivir en un continuo confinamiento porque la ciudad, y el simple vivir, les es negada.

La normalidad tiene una ruta clara: genera espacios privados dentro del espacio público y a tantos adultos mayores les hace pensar que por su edad ya no tienen derecho a la ciudad, que solo les resta esperar. #UtopíasPosibles

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Cuarentenas atemporales es una serie de conversaciones sobre otros tipos de confinamientos que existían antes de la pandemia y que probablemente sigan existiendo después de ella. Conversar sobre estas realidades busca visibilizarlas, pero también imaginar posibles futuros donde el confinamiento social se deje de normalizar.

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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