Soltar

Trilce Rangel

Estar aquí. Estar aquí sin quererlo, sin posibilidad, paralizados. Estar aquí, ahora, no es una elección, o tal vez sí, pero las otras opciones son más dolorosas. Y entonces, nos quedamos, cada uno en su aquí, hechos bolita en un rincón, o sobre el sofá, o en la cama. El estar aquí se parece más al gato hogareño que a fuerza de no-posibilidades se ha rendido al presente eterno que consiste en cambiar de posición y spot de siesta; en comer, cagar y vomitar a lo que yo creía que era esa vida contemplativa que me permitiría devorar todos los libros que quisiera desde un cómodo sillón, con una vista increíble al frente y un té en la mesita de al lado. Bueno, mejor unos tacos.

El estar aquí tiene un sabor metálico que se cuela por cada papila y escalda. No me gusta. Siento que alguien o algo me ha robado el futuro y los planes (hasta las ganas de hacerlos) para dejarme amarrada a un presente que me es ajeno y se me cuela de las manos, como una arena pesada que me cuesta levantar y que no encuentra en mí ninguna contención. ¿Cómo pensar, cómo construir utopías desde este duelo generalizado que nos tiene en la cuenca del sillón? ¿puede ser el no-hacer el motor de un tipo de utopías que se construye con el dolor de la realidad en crisis?

Quiero pensar que sí. Que más pronto que tarde me voy a despertar con ganas de volver a encender la computadora y pasar horas escribiendo y que convertiré este no-sentirme yo otra vez en mí y me reconoceré frente al espejo y no estaré buscando excusas o distractores para no enfrentar el presente, porque ese presente volverá a ser mío y en él podré pensar y construir un futuro. Me siento en pausa, una pausa que me roba tiempo y me genera ansiedad. ¿De dónde viene esa ansiedad? ¿por qué pausar nos cuesta tanto? ¿por qué sentir que no-hacemos según los estándares capitalistas nos produce malestar y desprecio por nosotros mismos?

Tal vez ese primer paso para poder un día de estos despertar y tener energía para hacer lo que debo consista en hoy quedarme dolorosamente quieta, en un rincón, sintiendo con cada poro lo que implica parar y pensarlo desde un otro-lugar, haciendo las paces con esa que me ve desde el espejo y no logro reconocer. La consigna es soltar porque no volveremos a ser los que éramos, y no me refiero a los grandes cambios y eventos catastróficos, simplemente a que hemos caído en cuenta de lo frágil que es nuestro cotidiano y lo fácil que puede ser trastocado. De ahora en adelante, nos acompaña este nuevo fantasma de incertidumbre.

¿Cómo hacer frente a este no-hacer? Acallándolo, negándonos a sentir poco, convencidos de nuestras decisiones y seleccionando lo que sí queremos en nuestra vida. Mi propuesta utópica consiste en hacer las paces con la incertidumbre futura desterrándola del presente, viviendo en realidad y no por inercia porque tal vez mañana todo cambie, pero mientras siga dependiendo de nosotros, elegirlo con convicción y hacerlo con entrega, con la consigna de buscar resquicios que nos permitan creer/crear mundos otros donde haya cabida para los que ahora seremos. Las utopías también consisten en soltarlo todo, hasta el futuro, y hacer un presente vivible.

Publicado por Utopías Posibles

Un archivo de futuros que parecen imposibles, pero no lo son

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